“Las sirenas” por Horacio Corro Espinosa

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#PorSiHaceFalta

 

09 de octubre de 2017

En la literatura de todos los tiempos, la participación de las sirenas se ha hecho presente. Por ejemplo, en La odisea, Ulises le tapó con cera los oídos a su tripulación para que no escucharan la música de las sirenas.

En La sirenita, de Andersen, la protagonista se enamora y acude a una bruja para que le dé piernas a cambio de su dulce voz.

En Las mil y una noches, las sirenas son idénticas a los seres humanos, pero se diferencian porque pueden respirar y vivir bajo el agua.

Cristóbal Colón afirma en su Diario del primer viaje, que vio a las sirenas en el Nuevo Mundo.

Bartolomé de las Casas, dijo que vio tres sirenas pero no eran tan hermosas como las pintan.

También en el cine y la televisión las sirenas han sido protagonistas.

Splash: es una de las primeras películas de sirenas. Se trata de una sirena que se enamora de un humano y decide ir a la superficie para casarse con él.

Peter Pan: Peter ayuda a Wendy a encontrar a sus hermanos preguntándole a las sirenas.

Pero también hay otro tipo de sirenas. Se trata de esas que se escuchan en las calles de las ciudades. Son las sirenas urbanas que por lo general anuncian algún desaguisado. Cada que ese tipo de sirenas se meten a nuestros oídos, podemos imaginar que transportan a alguien por alguna riña, por dolencia repentina, por colisión automovilística, etcétera.

Cuando la gente escucha una sirena, siempre se murmura moviendo la cabeza: “algo ha de haber pasado …” y siempre se piensa en algún suceso funesto.

Durante el día o la noche las sirenas arañan el tiempo.

Ahora imaginen el terror que ha de haber sentido la gente al escuchar las sirenas en el Berlín del 45, cuando anticipaban los bombardeos minutos antes de que las calles cobraran su cuota de viudas y de huérfanos.

La madrugada del 15 de abril de 1912, el Titánic, antes de llevarse al fondo del mar a mil 500 personas, hace sonar largamente su sirena, misma que es escuchada y desoída por el California, que se encontraba a diez kilómetros del naufragio y cuyo Capitán creyó que unos millonarios ociosos saludaban.

En nuestro país tenemos las alarmas sísmicas, que de alguna manera son sirenas. Cuando escuchamos las sirenas de un temblor, sentimos que las tripas se nos encogen involuntariamente ante el cercano movimiento de tierra. Lo que sigue después de eso nadie lo sabe, pero podría ser el fin para muchos.

Por una parte, que bueno que no pusieron esas alertas sísmicas en Istmo, sino, la gente de aquella región oaxaqueña ya tendría los nervios destrozados después de tanto escuchar las sirenas por los temblores. Aunque la alarma se activa con sismos de más de 5.5

Hasta el sábado 7, se habían registrado en esa zona, 6 mil 780 movimientos telúricos. Esta cantidad son las réplicas del 7 y del 19 de septiembre. La mayoría de estos temblores han sido percibidos por los habitantes istmeños.

Twitter: @horaciocorro
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